Se dicen los poemas que ensanchan los pulmones de cuantos, asfixiados, piden ser, piden ritmo, piden ley para aquello que sienten excesivo.
Poesía para el pobre, poesía necesaria como el pan de cada día,como el aire que exigimos trece veces por minuto, para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica.
Maldigo la poesía concebida como un lujo cultural por los neutrales que, lavándose las manos, se desentienden y evaden. Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse.
No es una poesía gota a gota pensada. No es un bello producto. No es un fruto perfecto. Es algo como el aire que todos respiramos y es el canto que espacia cuanto dentro llevamos.
Son palabras que todos repetimos sintiendo como nuestras, y vuelan. Son más que lo mentado. Son lo más necesario: lo que no tiene nombre. Son gritos en el cielo, y en la tierra son actos.

(Gabriel Celaya)
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Instrucciones de uso.

La plantilla de este blog, como creo que no sería seguramente necesario explicar, tiene dos columnas independientes. La de la Izquierda, más ancha, con entradas, textos e imagenes, propias. Y la de la derecha, más estrecha, asimismo independiente aunque textos e imágenes de una y otra puedan coincidir a la misma altura en la pantalla.
Por lo demás se use y ojalá se abuse en el mejor sentido. Se admiten todos los comentarios y críticas. Significará que los poemas, textos o imágenes habrán podido sugerir algo positivo al visitante o lector.
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jueves, 7 de julio de 2016

miércoles, 30 de marzo de 2016

 






“ Sólo… verdes racimos de Proserpina, para que ella exprima su vino mortal y lo entregue a los muertos” (Ch. Swimburne)
(A Saint John Perse,
también enterrado en el ‘cementerio marino’ de Hyères)



Tú me abres vastos atrios
donde otros racimos minerales
promulgan lo incisivo de tu palabra sacra.
Tú yaces acallado en el justo reposo
que acuna su  geológica   marea            
bajo  este  cementerio, allí donde cantabas
con un  aria solemne la eternidad del mar,
donde termina rauda la gloria de los reyes,
donde el destierro habita un agreste paisaje
de arenal y rastrojo, agotadas las lágrimas,
inútil ya aquel dios ensangrentado
que nos dijeron próximo, desatados los vientos
sobre todas las cosas de este mundo,
llegada ya la hora de la liberación
de todos los pájaros lóbregos como lanzas
como agudos venablos y azagayas alzadas
con las lámparas llameantes de la tierra,
posados en el inmenso árbol de la tristeza,
o veloces levantando el vuelo  sobre los helechos
primeros de la infancia, como el báculo
herrumbroso y espiral de la muerte,
como la blanca ebullición sagrada de la espuma.
Su final en silencio de piedras lapidarias
sumidas en la hierba, ante la inmensa piel
azul como el más largo sueño que refleja
un cielo negro de infinitas y exiguas
lejanísimas luces. Todo ese vasto atrio
que me abres  bajo la tierra
donde yaces mecido para siempre
de otro oscuro oleaje  ante el templo del mar;
el mar, ante el mar, ante lo eterno.

domingo, 26 de julio de 2015

 
Y cada vez que vuelvo,  ellos siguen allí
en el silencio gris y  en el aire salobre
y penetrante del mar,  ebrios de soledad,
su merodeo sobre el légamo portuario,
sobre los muelles, acechando un destello
bruñido  bajo la superficie, su altísimo trayecto
sacral  hacia otro sueño inalcanzable;
su plateada imagen, centro del arco inmenso
funeral y metálico del tiempo.
Su quietud suspendida en el espacio,
desplegada la envergadura blanca de sus alas,
pájaros infinitos, transfigurados, fríos,
aves marinas, eternos libres pájaros.

Sobre la arena dejan el rastro de sus huellas
y acaso me sorprende lo agudo de su grito,
guardianes de los altos cantiles donde acaba
la vida abruptamente, en el contorno exacto  
donde comienza la eternidad del mar;
eternos ángeles de desabrido llanto, vigilantes
de todos los cementerios marinos.

Cuando claudican todos los otros pájaros
del mundo,  gritan soberbios, hímnicos
y audaces al espacio, a la noche y  la muerte,
como si fueran los testigos perennes
de la libertad,  como en un mundo extraño
más bello  y más profundo, ajeno a la nostalgia,
sin memoria, sin palabras, más allá de lo opaco
y lejano de la tierra, Indemnes a sus oscuros nombres,
volando eternamente en la línea imprecisa
donde se unen el mar y el universo.

sábado, 4 de abril de 2015




















CEMENTERIO  MARINO (A Paul Valery)

“Y tú, alma grande, esperas un sueño
que no tenga el color de la mentira
que exhibe ante los ojos de la carne el oro de las ondas?”
(El Cementerio Marino. Paul Valery)
I.-

Extraños dioses crueles con nombre oscurecido
usuparon tu  calma, sumidos en la tierra
leve de tu atalaya, acaso encaramados
al blanco acantilado óseo de tu acrópolis.
La muerte te rondaba con prisa impertinente 
en su intento frustrado, errada en su deshora.
Volvía  a cimbrearse tu cuerpo en el silencio
más solitario y alto, cuajado como un junco
del alma de la arena  y su mar gris.
Tu cuerpo como un junco  que el crepúsculo mece;
en su altura de viento solo hay vuelo de pájaros
y en tu nombre de estirpe ancestral y marina,
se oye como un rumor de arenas,
un minucioso ruido de dunas y de vientos
investigando cardos y plantas desoladas
en pos de los aromas de la sal y del yodo;
un universo de algas habitado de seres
translúcidos, ajenos a su propio minúsculo tumulto.
Allí, sobre la tenue ladera que cada tarde besan
con tristeza las olas y en la noche cerrada
donde gravita el mármol un abrupto trayecto
de cruces derrotadas se abre, 
una entreabierta lápida  deja pasar un ápice
de luz y en la arena  fría y última de su fondo
nacen en el silencio tenues flores violetas.

II.-

Todos esos caminos ya prohibidos acaso,
ese añil horizonte, esa playa desierta
donde murmura el mar dulce de tu palabra,
esa atalaya altiva, ese  tiempo distinto
desde donde me miras, esta eterna ladera
de piedras alisadas, donde cimbrea el viento
tu delgadez de junco, donde el silencio límpido
de la altura te nombra, y expande la luz  fría
de altas, lejanísimas sendas estelares,
quizá de una galerna que te asalta
lentamente los ojos, todos esos caminos..
Esas leves colinas, plateadas,  ponientes
a las que hubiese vuelto apenas sin pensarlo,
a su reverso de soledad  sombría y anunciada
a su imposible tránsito, a su segura pérdida 
y a su herida profunda de tiempo  transcurrido
y a su hemorragia  crepuscular y azul.
Todos esos caminos , borrados, destruidos,
donde una blanca especie subterránea
bebió insistente la arcilla de los días ,
todo el tiempo perdido al que ya no se vuelve
como si fuesen las oscuras palabras
trazadas sobre la arena húmeda en la marea baja.


III.-                                                                                   

Tu nombre oscurecido, degradado y corrupto,
la podredumbre  que ha comenzado lenta
a invadir su murmullo desde el día primero
en que anegaste nuestro tiempo de olvido,
de un fulgor de penumbra cercenado en tu pelo,
apagado en tu piel transparente, en tus ojos heridos,
en tus oscuros humedecidos párpados,
donde antes tu pecho derrotado de sombras
jugaba con el fuego y en tus labios la sangre
se rendía a mis besos; de aquellos días cómplices
de convulsión extraña en que tu gloria efímera 
de emperatriz antigua  inhumada en un oculto túmulo
horadado de vermes se redujo a un hatajo
de huesos hacinados.

Y hoy que todo ha vuelto ya bajo la tierra
donde se pudren  lentos  los recuerdos,
y el alma de la vida late ahora en las flores
ya no me hiere  su oro envejecido; 
evoco solamente sus mañanas espléndidas
y el brillo de la hierba  ante la inmensa calma
azul  centelleante  y su extensión de carne 
dorada y líquida, sus  olas en la orilla
como un vuelo de deslumbradas páginas
y esta ansiedad  que late  en la memoria
bajo la sórdida traición de tus viejas palabras;
el mar, tan solo el mar, el mar ante las tumbas,
ante este cementerio silencioso
que recorrió sola  mi adolescencia,
que me mira impasible aun hoy, que eterno espera
como la eterna calma de los dioses
ante el tiempo y la muerte, el mar techo tranquilo
el mar en el silencio empezando por siempre.

a.p.  Marzo 2015































“¿Qué negras vírgenes sangrantes van por las violentas playas
bordeando la desaparición de las cosas?”
 “Indecible, oh promesa! Hacia ti la fiebre y el tormento!”
(Mares. Saint John Perse)

Hubiese perecido a su letal y roja mordedura,
me hubiese detenido, paralizado y rígido
solo por su mirada, inmóvil, fascinado
ante sus ojos transparentes y líquidos, entregado
a lo hipnótico  de su boca roja, llenándome
de la inmensa ternura de sus besos de sangre,
de la pasión hambrienta de su carne en mi carne,
preso de la belleza de su pecho  prohibido,
del hechizo y el vértigo de su cálido abismo,
su tibieza  de fosa donde enterrar los ojos y los besos;
desposeído de alma, víctima voluntaria
de este ángel de sombra, rendido amante
entregado al supremo placer venenoso y salvaje
de su mortal amor, oculto entre la noche de sus alas,
digerido despacio por su ardor, su beso, sus caricia,
la succión incansable de su abismo en mi proa,
estallando su espuma una vez y otra vez,
mil veces derramado sucumbiendo
al rojo irresistible y sagrado de sus labios,
amapolas de carne, lasciva fresa y su sangrante herida,
rojo su insaciable latido, bermellón absoluto
del amor  en el umbral irreversible  de lo oscuro.

domingo, 18 de enero de 2015

https://www.facebook.com/video.php?v=10205295200879177&set=vb.1222145208&type=2&theater

viernes, 19 de septiembre de 2014


Haber estado allí, en la mítica isla,
en la ciudad vieja como la historia.
En Mitilene,en la isla de Lesbos.
Haber estado allí, naciendo el mundo
frente a las costas de Asia, bajo su aurora
de rosados dedos, su ofrenda fascinante.
A la que puso nombre la mismísima
amante de Poseidón, donde habitaron
los hijos de Orestes y los héroes de Troya.
Tal vez las negras naves recalaron aquí
antes o después de aquella larga  guerra;
por donde transitaron los santos,
aún la impronta de su huella milenaria,
los antiguos iconos de un imperio vencido.

Ante el mar esencial, el mar como una cuna,
el mar como una patria, el mar Egeo.
Donde ella nació, donde trazó su cálamo
sobre las pieles alisadas de Pérgamo
los versos más sutiles, allí ante el mismo mar
acallada su lira en otro acantilado,
para afrontar el beso de la espuma.

Haber estado allí y haber sentido el mar
igual que ella, y haber puesto los ojos como ella
en su profundo azul, nombre oscuro del mar,
su nombre oscurecido, su sombra sumergida,
el mar  y su silencio,  sus olas como besos
como una lejanía, promesa del amor
¿qué otra promesa? Su destino final,
¿qué otro destino?

A.P.  9/2014
























La isla de Lesbos desde Assos en la costa turca.                                               Puerto de Mitilene. Lesbos, Grecia.
“ Y envueltos en secos ramajes los amantes de un día  Devuelven su deseo a través de las bóvedas”
(Oscuro oficio de los muertos. Manuel Alvarez Ortega)



Pero ella era real, vivió y era mujer
y amó y fue amada; su nombre oscuro
vuelve a habitar la tierra bajo la tierra,
circundada de esfinges y  cariátides,
cercenadas su frentes, su mirada, sus labios,
mutilado su pecho  como el susurro negro
del viento que sopla en los recónditos
resquicios de los siglos. Y este túmulo inmenso
y sus ciegos pasillos soterrados
dan fe de su existencia.
Allí, en el norte, dentro del  ignorado círculo
que escondía su calma y  su memoria,
jamás borrada de los sueños su exótica
belleza oriental y desértica.
Aquí está bajo esta triste bóveda,
su nombre ya corpóreo  en la tumba,
el vago eco de la antigua leyenda
convertido en palabra de carne, 
solo polvo en el tiempo despiadado
del olvido, que sin embargo fue, mujer,
Roxana asesinada  presente   en esta oculta
sepultura en  que vuelve 
a través de sus arcos derrumbados 
lo oscuro de su nombre.



A.P.  9/2014




martes, 2 de septiembre de 2014



Septiembre

“Volver a empezar todo, volver a decir todo. Tras haber llevado la guadaña de la mirada sobre todo!  (Saint John Perse)

Y de nuevo Septiembre,
este tiempo abrasado donde todo regresa
puntual al insomnio;
como un desierto árido que abre ante mis pasos,
su promesa inequívoca de otra sed insufrible,
de otro nuevo silencio de arena y polvareda.

Porque el mar fue quimera de olas amansadas
que brillaron tan solo un instante en la playa
y la noche infinita como un oscuro océano
fue espejismo de espuma y de salitre 
que consteló  los labios de estelares cristales
y agrietó su ternura.

Y de nuevo Septiembre,
esta extensión ingente de llanto y de ceniza
ante mis pasos lentos que quizá ya no pueden
volver a atravesarla proscritos y expulsados  
al límite del mundo.
Volver a empezar todo, sin más expectativa
que los muros de roca y el frío de la noche
que se alzan descarnados al final del camino.

Y Septiembre de nuevo, su yermo , su vacío…
el viento de Septiembre, su soledad esteril,     
el tiempo desolado  en que el fulgor se apaga,
donde la arena es muda y el sueño ya no vuelve.

A.P. 2010

lunes, 11 de agosto de 2014

“…el agua libre,
El agua agreste, centelleante, indómita”
(J.J. Padrón) 
“El agua bendecida por la luz
En un vuelo nupcial
Que desposara el aire con la tierra” 
(J.J.Padrón)


Tú allí, cerca del mar, lejana,
contando los caminos de la luz sobre el agua,
escribiendo tus huellas remotas en la arena
como un ángel de mar que plegase en la orilla   
unas alas de espuma  y yo aquí sujetando 
con una brida oscura  mi corazón de tierra,
sepultando su invisible latido
con sórdidas razones,  su juventud perdida
entre las sombras.  Y tú sobre la brisa
y yo desde el olvido. Y tú desnuda
pero yo derramado
en medio de esta ciega incertidumbre,
sin saber si tú intuyes esta ambición de aire,
este deseo de alas, la mirada secreta
que viola la frontera de todos los horizontes,
para seguir tu senda de pájaro  marino
arriesgando otro vuelo, otro trayecto
de agua centelleante, indómita
de otro distante mar, lanzados a su altura
absoluta y azul, desplegadas las alas
de espuma, heridas de la luz
y el agua enamoradas.


A.P.  Julio 2014


“Cegando las preguntas desoladas”
(Justo Jorge Padrón)


Llamada pura,  convocatoria repetida y tierna
tu pecho poderoso, desbordado, excedido.
Porque en los labios es aun inocente
tu discurso de niña, la ingenuidad
que sabe del efecto letal de su belleza.
Fiebre ancestral de la especie biológica
haciendo presa de los ojos, las manos,
de este doble fervor  enamorado
que  no tiene elección y transita gozoso
de una cumbre a otra cumbre
y desciende feliz por sus laderas
y baja hasta la cálida penumbra de su valle.

No tu pecho, tus pechos; bellísimos, excelsos;
tus pechos como pájaros,  irrumpiendo
en el aire en que describen un raudo vuelo curvo
y regresan al nido que los sostiene en alto,
apenas encubiertos en el ánfora negra
donde el vino más cálido rebosa, en el balcón
de un palacio de sombra que proclama
más alta y más perfecta  su blancura;
planetas majestuosos orbitando tu orgullo
estelar de estricta hembra inequívoca;
par de bestias salvajes que devoran el corazón
de súbito, entregado con gozo al sacrificio
de su éxtasis alzado.

No dijeron los  antiguos escritos que son un atributo
de los ángeles, que anhelan sobre ellos
las caricias y los besos del que guardan
debajo de sus alas y ciegan las preguntas
desoladas, el enigma  que hace brotar el líquido
lamento solitario vertido en el vacío.

Ellos solos redimen la existencia
convocando incansables; conduciéndome
hacia el camino oscuro  de iniciación
en el significado verdadero del mundo,
al húmedo silencio donde mi blanca lágrima,
vencida su tristeza, se derrama
y mis manos y mi piel y mi cuerpo
son fiebre con su fiebre, son sueño
con su sueño, son carne con su carne.

6 Ago 14