Se dicen los poemas que ensanchan los pulmones de cuantos, asfixiados, piden ser, piden ritmo, piden ley para aquello que sienten excesivo.
Poesía para el pobre, poesía necesaria como el pan de cada día,como el aire que exigimos trece veces por minuto, para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica.
Maldigo la poesía concebida como un lujo cultural por los neutrales que, lavándose las manos, se desentienden y evaden. Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse.
No es una poesía gota a gota pensada. No es un bello producto. No es un fruto perfecto. Es algo como el aire que todos respiramos y es el canto que espacia cuanto dentro llevamos.
Son palabras que todos repetimos sintiendo como nuestras, y vuelan. Son más que lo mentado. Son lo más necesario: lo que no tiene nombre. Son gritos en el cielo, y en la tierra son actos.

(Gabriel Celaya)
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Instrucciones de uso.

La plantilla de este blog, como creo que no sería seguramente necesario explicar, tiene dos columnas independientes. La de la Izquierda, más ancha, con entradas, textos e imagenes, propias. Y la de la derecha, más estrecha, asimismo independiente aunque textos e imágenes de una y otra puedan coincidir a la misma altura en la pantalla.
Por lo demás se use y ojalá se abuse en el mejor sentido. Se admiten todos los comentarios y críticas. Significará que los poemas, textos o imágenes habrán podido sugerir algo positivo al visitante o lector.
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sábado, 4 de abril de 2015






























“¿Qué negras vírgenes sangrantes van por las violentas playas
bordeando la desaparición de las cosas?”
 “Indecible, oh promesa! Hacia ti la fiebre y el tormento!”
(Mares. Saint John Perse)

Hubiese perecido a su letal y roja mordedura,
me hubiese detenido, paralizado y rígido
solo por su mirada, inmóvil, fascinado
ante sus ojos transparentes y líquidos, entregado
a lo hipnótico  de su boca roja, llenándome
de la inmensa ternura de sus besos de sangre,
de la pasión hambrienta de su carne en mi carne,
preso de la belleza de su pecho  prohibido,
del hechizo y el vértigo de su cálido abismo,
su tibieza  de fosa donde enterrar los ojos y los besos;
desposeído de alma, víctima voluntaria
de este ángel de sombra, rendido amante
entregado al supremo placer venenoso y salvaje
de su mortal amor, oculto entre la noche de sus alas,
digerido despacio por su ardor, su beso, sus caricia,
la succión incansable de su abismo en mi proa,
estallando su espuma una vez y otra vez,
mil veces derramado sucumbiendo
al rojo irresistible y sagrado de sus labios,
amapolas de carne, lasciva fresa y su sangrante herida,
rojo su insaciable latido, bermellón absoluto
del amor  en el umbral irreversible  de lo oscuro.

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