Se dicen los poemas que ensanchan los pulmones de cuantos, asfixiados, piden ser, piden ritmo, piden ley para aquello que sienten excesivo.
Poesía para el pobre, poesía necesaria como el pan de cada día,como el aire que exigimos trece veces por minuto, para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica.
Maldigo la poesía concebida como un lujo cultural por los neutrales que, lavándose las manos, se desentienden y evaden. Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse.
No es una poesía gota a gota pensada. No es un bello producto. No es un fruto perfecto. Es algo como el aire que todos respiramos y es el canto que espacia cuanto dentro llevamos.
Son palabras que todos repetimos sintiendo como nuestras, y vuelan. Son más que lo mentado. Son lo más necesario: lo que no tiene nombre. Son gritos en el cielo, y en la tierra son actos.

(Gabriel Celaya)
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Instrucciones de uso.

La plantilla de este blog, como creo que no sería seguramente necesario explicar, tiene dos columnas independientes. La de la Izquierda, más ancha, con entradas, textos e imagenes, propias. Y la de la derecha, más estrecha, asimismo independiente aunque textos e imágenes de una y otra puedan coincidir a la misma altura en la pantalla.
Por lo demás se use y ojalá se abuse en el mejor sentido. Se admiten todos los comentarios y críticas. Significará que los poemas, textos o imágenes habrán podido sugerir algo positivo al visitante o lector.
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domingo, 9 de marzo de 2014


























Argonáutica.-    (Hilas y las ninfas. A  J.W. Waterhouse y Elisabeth Sidall)

Elisabeth habita en  el fondo del lago
junto a sus seis hermanas que se llaman Elisabeth.
Entre los verdes lotos destella el color rojo
de sus labios y el cobre de su pelo incandescente;
bajo el agua respira la dulce comisura de su pubis
y a flor de superficie navegan paralelos
los botones despiertos de su pecho.

Allí, bajo la umbría, a medias sumergidas
se acercan poco a poco; son las náyades 
bellísimas de la fuente Pegea.
En su mirada vive una súplica turbia
de  soledad helada y malherida, la opacidad
fría del desamparo que las ha condenado
a este exilio de agua, y el anhelo tenaz 
e indestructible de otro cuerpo distinto
que inunde su vacío, allí donde palpita
la tentación oscura del  silencio
que mece en lo profundo su  existencia,  
quien sabe si el enigma de un tránsito
que dure eternamente.

Te cogen de las manos, te atrae una tras otra
hacia su boca, te besan con ansiedad
tierna y apasionada, solo existe la fiebre
de los labios ávidos de otros labios…  
Y te muerde la duda, y aun no sabes
qué destino inmortal  o que ahogamiento
espera bajo el agua;  qué esconden en la ingenua
lividez de su abrazo, qué  perverso sonido
se oculta en el susurro de su tenue llamada,
Y un viento repentino riza raudo  la calma superficie
de su fuente. 

Pero ya no recuerdas la rudeza  de Hércules,
de Polifemo y otros que dijeron ser  tuyos,
la soledad impuesta por quienes hoy te ignoran
sentados a los remos de una nave ya extraña
que se aleja entre las olas del olvido
en busca de cualquier dorado vellocino.

Inmerso ya, casi sin advertirlo,
acaso respirando  tan solo por su boca,
en la caricia  de su blanca cintura y sus caderas
la llamada perenne y abisal de su sexo. 
Ya no importan ni la vida ni el tiempo
solo el amor eterno bajo el agua  
colmando la memoria pasada del vacío
y el llanto;  solo sus besos, solo su corazón…
 
Ya no temes el pálido misterio de su umbral dolorido
del sombrío aleteo que anochece en  sus párpados,
su vago matiz triste, los caminos azules
que ascienden  a la hondura secreta de su pubis,
la ternura recóndita que envuelve por entero
tu erguida arquitectura,  ni el silencio perpetuo
que se mece en el fondo de la fuente.
Y te sabes ya lívido y anegado de la liquida 
seducción  de las bellas moradoras del agua.
Ya no importa si bajo el agua habitan la muerte o el amor
porque sabes que habitan  el amor y la muerte.

Ahora solo ellas son hondamente tuyas  
y tú les perteneces a ellas para siempre.

A.P.  Marzo 2014

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