Retrocedo... para buscar el argumento del tiempo, el conjuro del cosmos que suena en la garganta de los planetas oxidados, como un mantra, como una sucesión interminable de naufragios...
Se dicen los poemas que ensanchan los pulmones de cuantos, asfixiados, piden ser, piden ritmo, piden ley para aquello que sienten excesivo.
Poesía para el pobre, poesía necesaria como el pan de cada día,como el aire que exigimos trece veces por minuto, para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica.
Maldigo la poesía concebida como un lujo cultural por los neutrales que, lavándose las manos, se desentienden y evaden. Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse.
No es una poesía gota a gota pensada. No es un bello producto. No es un fruto perfecto. Es algo como el aire que todos respiramos y es el canto que espacia cuanto dentro llevamos.
Son palabras que todos repetimos sintiendo como nuestras, y vuelan. Son más que lo mentado. Son lo más necesario: lo que no tiene nombre. Son gritos en el cielo, y en la tierra son actos.
La plantilla de este blog, como creo que no sería seguramente necesario explicar, tiene dos columnas independientes. La de la Izquierda, más ancha, con entradas, textos e imagenes, propias. Y la de la derecha, más estrecha, asimismo independiente aunque textos e imágenes de una y otra puedan coincidir a la misma altura en la pantalla. Por lo demás se use y ojalá se abuse en el mejor sentido. Se admiten todos los comentarios y críticas. Significará que los poemas, textos o imágenes habrán podido sugerir algo positivo al visitante o lector.
Y no se si regresas en las horas del sueño
cuando tu alba luz muestra su esplendidez
de plata circular en medio de la noche.
Porque he vuelto a la fronda espesa
e inextricable de los horas, invadido
de la ira del mundo como un dios destronado
y criminal amante de la luna.
Y me has dejado solo, desterrado, lejos
del círculo de tumbas donde yacen los reyes
traspasada la puerta que guardan los leones;
y me has dejado solo para afrontar el llanto
perenne de tu ausencia; pero contemplo absorto
los círculos de plata que dibujan
las lunas de tu cielo, su fulgor fascinante
donde palpitas tú y te llamo en silencio
cuando me vence el sueño.
Puede ser que algún día, derrotado tal vez
este mutismo, se encuentre con mis ojos
tu pálida pureza y volvamos a amarnos
fuera ya de estos muros de leones y tumbas,
aunque sea un instante fugaz antes del miedo,
antes de este castigo de soledad insomne
cuando abiertos los ojos las horas acumulan
poco a poco su siembra de decepción y olvido,
triste preso del tiempo si acaso me despierto;
amante criminal de la luna
cada vez que me duermo para tener tu amor;
tu amor, que solo ha sido un sueño.
viernes, 13 de mayo de 2011
El peor criminal tiene derecho a un juicio y a un juicio justo que determine de manera objetivalas penasque le deben ser aplicadas,si hubiese lugar,de acuerdo alderecho y la leyestablecidos de antemano,incluso con un margen que tenga en cuenta la piedad, aunque él no hubiese tenido ninguna, porque ese derecho se lo concede la ética que él mismo ha conculcado y desde la que se censura su conducta. No se puede deplorar el crimen de unos y celebrar el crimen de otros.
Alfredo Piquer
Madrid 1951.
En 1975, Licenciado en Filosofía y Letras ( Especialidad de Historia Antigua) U.C.M. En 1984, Graduado en Artes Aplicadas y Oficios Artísticos. (Especialidad de Litografía). En 1985, Maestro de taller de Litografía Escuela de Artes Aplicadas y 0. A. n.º 10 Madrid. En 1987, Licenciado en Bellas Artes (Especialidad de Grabado) Universidad Complutense. Madrid. En 1988, "Profesor de Entrada de Procedimientos de Ilustración del Libro. Escuela de Artes Aplicadas de Oviedo, Asturias. En 1990 – 99 , Profesor Asociado de la Facultad de Bellas Artes de Madrid. 1998, Doctor en Bellas Artes (Tesis Doctoral sobre el tema: “Litografía contemporánea en España). En 1999 es Profesor Titular de Universidad de la Facultad de Bellas Artes . U.C.M.
Desde 2001 compatibiliza la actividad plástica con la actividad de creación literaria. Es desde 2005 Coordinador del Grupo de Poesía del Círculo de Bellas Artes de Madrid. En 2002 fue Premio de Poesía del Círculo. En 2009 publica el poemario "Paleografías", y en 2012 publica "Mar sobre este altar", tambien de Ediciones Vitruvio y "Memoria de Naufragios" de Legados-Netwriters ediciones.
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Felipe Benitez Reyes
Aureliano Cañadas
Luis Cernuda
Cristina Cocca
Santos Dominguez Ramos
Montserrat Doucet
Laura Gomez Recas
K. Kavafis
Joan Margarit Georges Moustaki
José Nicás Montoto Miguel Pastrana
Ruth Piquer
Antonio Porpetta
Benjamín Prado
Angela Reyes
Pura Salceda Antonio Varo Baena Javier Vela
Idea Vilariño
Luis Cernuda. Peregrino
¿Volver? Vuelva el que tenga,
Tras largos años, tras un largo viaje,
Cansancio del camino y la codicia
De su tierra, su casa, sus amigos,
Del amor que al regreso fiel le espere.
Mas, ¿tú? ¿Volver? Regresar no piensas,
Sino seguir libre adelante,
Disponible por siempre, mozo o viejo,
Sin hijo que te busque, como a Ulises,
Sin Ítaca que aguarde y sin Penélope.
Sigue, sigue adelante y no regreses,
Fiel hasta el fin del camino y tu vida,
No eches de menos un destino más fácil,
Tus pies sobre la tierra antes no hollada,
Tus ojos frente a lo antes nunca visto.
Luis Cernuda
Mª Victoria Atencia
Amárrate, alma mía; sujétate a este mármol,
Sebastián de su tronco, con cuantas cintas pueda
ofrecerte en Venecia la lluvia que te empapa.
Amárrate a este palo, alma Ulises, y escucha
-desde donde la plaza proclama su equilibrio-
el rugido de bronce que la piedra sostiene.
Benjamín Prado. Casas vacías.
Como el calumniador busca rumores
porque no son palabras ni tampoco el silencio
así te busco a ti
donde no hay nadie
y ya nada es verdad:
ni la vida que vives es tu vida,
ni la casa en que duermes es tu casa,
ni lo que va a pasarte
es tu destino.
Como quien va a una plaza a andar entre palomas,
así me acerco a ti.
Quiero tu corazón,
tu nombre atravesado por espadas azules;
quiero tu mente llena de torres encendidas,
tu piel, su nieve en llamas,
su alud sin frío.
Mi amor, todo es tan simple:
en la llave que hoy usas hay mil puertas cerradas
y en mis manos terminan las líneas de tus manos.
No te asustes.
No mires hacia la oscuridad.
Yo haré un puente que lleve de tu casa vacía
a mi casa vacía.
Nunca serás feliz si sales de mis sueños.
ANTONIO PORPETTA.
Las Sirenas.
Vieron llegar la nave:
como siempre
elevaron sus cánticos pianísimos,
sus murmullos de lluvia y arboleda
que un céfiro brumoso llevaba lentamente
a las sienes morenas de los hombres,
allí, donde se oculta el desconsuelo
y remotos paisajes se atesoran
con el secreto brillo de su azogue…
Vieron pasar la nave:
nadie se conmovió,
nadie se derrumbaba, loco, sobre el agua,
nadie quiso buscar, enajenado,
sus pechos luminosos, sus miradas de jaspe,
sus escamas de fuego y de coral.
(Un hombre entre cadenas,
hermoso como un héroe,
desgarraba con llantos y alaridos
aquel hondo y sereno navegar…)
Vieron como la nave se alejaba
ajena, indiferente,
en calma singladura
hacia islas felices y puertos abundosos,
firme como el destino, libre como el olvido,
desplegadas sus velas al viento y a la sal…
Ausentes, melancólicas,
asoladas de un lívido temor,
dejaron de cantar, envejecieron,
quedaron con los siglos
ignoradas de todos, convertido
en historia dormida su recuerdo.
Y una pobre mañana,
entre un torpe revuelo de peces fugitivos,
dieronse a lo profundo, naufragaron
su pálido esplendor…
Todos los navegantes debieran perdonarlas:
ellas nada querían,
ellas sólo cantaban y cantaban…
Ellas nunca supieron que en sus voces
habitaba la muerte.
Las Muchachas y el Mar
Toman el sol, tumbadas en la arena,
bajo una exacta claridad rasgada
de vuelos y abandonos,
en frutal ofertorio la gloria de sus cuerpos,
los sueños navegando
por hondas geografías.
Confían en el mar: nunca recelan
de su aliento cercano,
de esa casta apariencia que transmite
el familiar susurro de sus olas.
Ellas, tan inocentes, no saben las argucias
de ese sátiro azul, los disimulos
de su antigua y taimada adolescencia,
sus desatadas ansias de pecado…
Desde el agua profunda, una voz impaciente
?como un grito de amor, quizás de súplica,
o quizás un gemido? les reclama.
Despiertan las muchachas, se levantan
hermosamente altivas
y con pasos muy leves, caminando
despacio se dirigen
al inmenso latido.
Canta el mar sus baladas de alegría
mientras ellas se adentran en su imperio,
y recibe con mimos de unicornio
la doble incertidumbre de sus pies,
la vertical promesa de sus piernas espigas,
y lame sus rodillas,
y acaricia sus muslos de coral,
y alcanza enloquecido
la plata de sus pubis, y descubre
el asombro armilar de sus cinturas,
y aromado de adelfas
asciende hacia sus pechos, se adormece,
cubre, inunda, derrama estrellerías
y hasta besa furtivo, como un juego,
sus labios luminosos…
Las muchachas, ausentes, arcangélicas,
saltan, nadan, se ríen, chapotean,
ajenas a ese dulce vaivén, a esa lujuria
penetrante y sutil que les invade,
sin saber que están siendo
lentamente violadas,
que lentamente el mar las hace suyas,
que lentamente el viejo amante triunfa
con su extensa ternura
sobre el clamor rosado de sus sexos…
Los Ángeles del Mar
Los ángeles del mar, cuando llega la noche,
arrastran suavemente a los ahogados
hasta playas amigas,
y allí limpian sus cuerpos de algas y medusas
y peinan sus cabellos con esmero
para que no parezcan tan difuntos
y sus madres, al verlos,
no piensen en la muerte.
A veces depositan sobre sus pobres párpados
dos sestercios de plata recogidos
de algún pecio profundo
para borrar el miedo de sus ojos
y que el asombro vuelva a sus pupilas,
o ponen en sus manos caracolas y pétalos
como si fueran niños que dormidos
quedaron en sus juegos.
Finalmente, con leves movimientos,
abanican sus rostros muy despacio
y ahuyentan de sus labios las últimas palabras
dejándoles tan sólo los nombres de mujer?
Casi siempre suplican a los altos querubes
que trasladen sus almas con cuidado,
porque el mar dejó en ellas
salobres arañazos,
golpes de barlovento, heridas abisales,
y en el más largo instante
vieron como sus vidas se alejaban, se hundían,
en el temblor callado de las aguas,
y con sus vidas iba su memoria,
y en su memoria todo cuanto amaron
o pudieron amar,
y su dolor fue grande?
Cumplida su misión, vuelan los ángeles
hacia las blancas ínsulas del sueño,
y los ahogados quedan
solitarios y espléndidos
en sus dorados túmulos de arena,
serenos como dioses,
dignos en su derrota,
esperando que nazca la mañana,
que les cubra la luz,
que jamás les alcance
el frío del olvido.
Los Suicidas
Suicidarse en el mar es como desnacerse
en el claustro materno,
es como retornar a la tibieza
de la verdad primera,
redescubrir el hálito fugaz que nos perdura,
quizás la certidumbre
de que también el fin
puede ser una forma de empezar.
Hay suicidas muy torpes: tienen prisa
en sus renunciaciones
y eligen sin pensar acantilados
altos como el desprecio,
foscos como la ruina
para el vuelo final.
Acaban casi siempre
como siempre vivieron: en alguna caverna
de escollos heridores,
atrapados en redes sin linaje,
recubiertos de umbría,
anclados a su malva soledad.
Pero hay quienes ofician el suicidio
como un rito: se visten
de túnicas muy blancas,
con guirnaldas de flores
dan prestigio a sus sienes,
y enaltecen sus cuellos y sus manos
con bellísimas joyas y abalorios
cuyo fulgor conforta los sentidos
y el ánimo sosiega
y la inocencia acrece.
Después, tras consultar tablas lunares,
astrónomos, augures, cartas de marear,
escogen una fecha de otoño transparente
y con el claroscuro de la tarde vencida
se internan con cuidado entre las aguas,
la mirada en sus culpas,
el olfato en su ausencia,
el tacto en sus ensueños,
mientras van repitiendo las palabras
que jamás escucharon
y que siempre quisieron escuchar…
Con su gentil y antigua cortesía
acoge nuestro mar a estos pulcros suicidas,
les da la bienvenida, les recibe
en su imenso nidal.
Y arrullando su frágil mansedumbre,
entre un magno silencio de ondas y presagios,
les orienta hacia dársenas ocultas,
hacia anónimas clas donde aguarda
una pequeña barca que ya tiene
la orden de partir.
Laureano Albán. Herencia del Otoño.
Oceánida.
La ola golpea contra el límite
Carlos Sábat Ercasty
El mar es el prodigio.
Veloz arquitectura de la sombra
en los tenaces dedos de la espuma
que cierran las burbujas del silencio.
El mar es la certeza
de una más alta soledad.
El estallido de la flor del mundo.
Caen en él el espacio, el rayo, el asco,
el polvo migratorio de ojos y milenios
y el torpe desamor,
los espejos gastados de la lluvia
y toda la orfandad,
la inerme gesta diaria de la muerte,
sin más cauce que él,
donde el olvido ya total,
la transparencia plena del abismo
la rearman con luz,
le inyectan los alientos despeñados
del vertical azul,
del verde inmenso
de la resurrección.
Vestigios más allá del otoño.
A Francisco Brines
Cuando ya no te queda sino el viento
segado en una mano
y en la otra la luz arde callando,
pues lo has gozado todo, sin quererlo,
como un niño perdido en una fiesta,
y el mundo pende de tus ojos,
sueño vencido por el tiempo,
y te puedes morir transfigurado
sin despertar ni una oración ni un pájaro.
Ya has ganado el silencio,
no el corrupto, el pedestre silencio del olvido,
sino el alma mayor de las palabras
gastadas totalmente.
Has pasado el umbral
y habitas la sagrada zona última.
Has llegado a tu límite indefenso,
a la altura agotada por los vuelos.
Y debes sonreir, como una máscara
que sube al sacrificio,
siendo temor, difusa pesadumbre
de sueños que se adentran en la muerte.
Cierras los ojos y entras como un niño
a los lentos rescoldos del otoño,
más allá de lo puro y lo destruído,
salvado tras el último silencio.
Laura Gomez Recas
Ha de ser evidente lo fugaz en mis ojos
o lo frágil en la caricia de mi voz
porque rescribo las horas de Penélope
cada vez que presiento mis dedos,
apéndices del corazón,
desollados por el roce de los hilos.
Tras la línea que define el mar y el cielo,
más allá del sonido que percibo,
estás tú, desglosando tu cuerpo en mil porciones
desnudas de este tapiz que tejo y que te espera.
Devanas tus palabras sobre Circe,
regalas tus oídos al canto sumergido
y mi casa se derrumba y se empobrece,
poblada de una turba que me hostiga.
Ya no son mis ojos dulce almendra,
ni mi piel, sin tacto, tu planicie.
Embarcado en el silencio de tu nave,
duerme el suspiro irreverente
que exhaló mi boca
mutilada por la ausencia de tu voz.
*
Santos Dominguez Ramos. Las Provincias del frío.
Oscura Hueste.
!Qué oscura gente y qué encogidos vamos¡ (Carlos Barral)
Vienen con sus heridas antiguas y una rama
de olivo milenario, una rama dorada
por el sol del otoño en una tarde antigua
bajo la luz frutal y alta de la colina.
Oscura hueste herida de potros y naufragios,
están donde la infancia,
donde la caracola convoca a la serpiente,
donde la rosa huye y cipreses sin sueño
elevan su estatura de días y trabajos
con el mismo cansancio que un rebaño en la nieve.
Viajaron en silencio por la última secuela de la tarde,
donde la ortiga gana sus ásperas batallas,
por las íntimas y abismales provincias de la sangre,
por valles de silencio
en donde arde la rosa y queda en la mañana
el humo de los sueños, sus fértiles pavesas,
sus pistilos de sombra.
Por los campos del viento que arruina los almendros
un corcel de penumbra atropella su sangre
de tigre y mariposas
y los bueyes cansados de los atardeceres
arrastran su castrada mansedumbre marítima
por un sur de banderas moradas y amarillas.
Si levantais la vista vereis ya solo el mar
bajo la luz serena de una tarde indecisa,
la rosa convocada en el espacio,
la rosa pasajera que alguien trajo de un sueño.
Cristina Cocca.(Aquí desde la lluvia)
Háblame de la mar,
háblame de este cielo si tu quieres.
Todo será lo mismo,
dos azules, dos grises si la tarde
es la que mueve el viento
que fuera tu caricia.
Háblame de esas noches
donde la sal blanquea
los muros de mi casa
y en los acantilados
oculta mi escondite.
No me digas: el mar es como un beso
de largos manantiales,
el cielo tiene nubes
con la suave hilatura de los linos
para tejer la tela de tus sábanas.
Dime sencillamente
que me hablarás de vida mientras sueño.
******
El mar está habitado tras mis muros
como piedras antiguas de un naufragio.
Los barcos de papel
navegan en estanques
añorando el susurro de la espuma.
En la pared mi nombre
se escribe con la sal de tu presencia.
El mar es habitante de mis ojos,
en el iris me roba las miradas
y busca sus añiles
en las fotografías sepias y neblinosas de un verano.
Oscuros navegantes
parecen ser las sombras
transitando por todos los rincones.
La hondura del espejo me devuelve
el latido continuo de la arena,
esa hora impresionista de las aguas.
El mar no habita solo en los perfumes.
Me vive en calendarios donde apunto
la claridad que aun tendrá el otoño.
José Nicás Montoto. La lira de Orfeo
La sonrisa de los dioses.
Comprenderás entonces
qué significan las Ítacas
(Kavafis)
II.-
¡Oh divino Odiseo!...¡cómo añoras
las dulces tardes de la verde Ogigia,
a la orilla del mar, y las caricias
de la inmortal Calipso!
Desde luego
el padre de los dioses te otorgó tu deseo:
el retorno a Penélope, a Telémaco; Ítaca,
la siempre agreste y desolada Ítaca,
rica en bosques de pinos, te recogió amorosa.
Pero tú... ¡cómo añoras
los momentos pasados junto a la mar inquieta!
Aunque las dos son islas,
Ítaca no es Ogigia, ni el mismo mar el mismo.
¡Hasta distinto sabe
el propio pan y el agua de esta tierra!
¡Ah, los dioses castigan!
y el regreso es castigo, oh divinal Ulises.
¿Y cómo ha de llenarte esa espartana
hija de Icario, a tí, que has conocido
el amor de una diosa? Mas la melancolía,
tu propia estupidez, esa locura
que a la destrucción lleva, te hicieron agradable
el regreso y volviste. Y Poseidón, maldito,
te concedió el retorno;
te sonrió y creíste
que era benevolencia... ¡Ah, qué poco conoces
las sonrisas, Ulises, de los dioses!
Aureliano Cañadas
ASÍ CANTABAN LAS SIRENAS
En el figón de un puerto
lejano
(¿por qué no
lejana Ítaca?)
un viejo lloriquea
pidiendo vino.
Que él escaló los muros de Ilyón, dice.
Cuando alguien se lo da,
su voz se quiebra
en una melopea interminable
hasta
que lo mandan callar y se refugia
en un rincón.
Así,
Murmura,
cantaban las sirenas.
Tiene
el color imposible de tus ojos.
NO MALDIGAS A ILYÓN
Aunque una vida se construya
con días sobre días, como un muro
con piedras sobre piedras,
no sobre añoranza y abandono;
aunque una voz temprana necesite otra voz
para imitar su canto, y no sirva de nada
el familiar rumor del viento en los tarayes
ni el redoble continuo de las olas;
no maldigas a Ilyón por cuanto te robara,
sino por todo aquello que, insidiosa, te diera:
el vicio del ensueño, la costumbre de huir.
MÁS SABIOS
Algunos pueblos descubren el alma de la piedra.
Sólo así, y no por sus lágrimas y su sangre,
es posible comprender cuanto construyen:
muros inexpugnables, cámaras secretas
excepto para el olvido, la rapacidad del tiempo.
Otros dominan el espíritu de los metales,
pero qué puede el bronce más puro
contra el lento transcurso de los días,
la intangible materia que acaba
desplomándose al cabo de los siglos
y destruye un imperio.
Más sabios, sin duda, son aquellos que llegan
a aprender el secreto del agua,
desde el lejano manantial la conducen
hasta lo más íntimo: la vida es entonces
el contrapunto de su murmullo inextinguible.
Le meteque. Georges Moustaki
Con mi aspecto de extranjero,
de judío errante, de pastor griego
y mi pelo a los cuatro vientos,
con mis ojos totalmente lavados
que me dan un aire de soñador,
yo que no sueño a menudo;
con mis manos de merodeador,
de músico y de vagabundo
que hicieron pillaje en tantos jardines;
con mi boca que ha bebido,
abrazado y mordido
sin saciar jamás su hambre…
Con mi aire de extranjero,
de judío errante, de pastor griego,
de ladrón y de vagabundo,
con mi piel que se frotó
al sol de todos los veranos
y de todo lo que llevaba faldas,
con mi corazón que supo hacer
sufrir tanto como sufrió
sin hacer historias por eso;
con mi alma que no tiene
la menor posibilidad de salvación
para evitar el purgatorio…...
Con mi aspecto de extranjero,
de judío errante, de pastor griego
y mis cabellos a los cuatro vientos,
vendré, mi dulce cautiva,
mi alma gemela, mi fuente viva,
vendré para beber tus veinte años
y seré príncipe de sangre,
soñador o adolescente,
como quieras escoger,
y haremos de cada día
toda una eternidad de amor
que viviremos hasta morir …
Y haremos de cada día
toda una eternidad de amor
que viviremos hasta morir …
K.Kavafis. Itaca
Cuando emprendas tu viaje hacia Ítaca
debes rogar que el viaje sea largo,
lleno de peripecias, lleno de experiencias.
No has de temer ni a los lestrigones ni a los cíclopes,
ni la cólera del airado Posidón.
Nunca tales monstruos hallarás en tu ruta
si tu pensamiento es elevado, si una exquisita
emoción penetra en tu alma y en tu cuerpo.
Los lestrigones y los cíclopes
y el feroz Posidón no podrán encontrarte
si tú no los llevas ya dentro, en tu alma,
si tu alma no los conjura ante ti.
Debes rogar que el viaje sea largo,
que sean muchos los días de verano;
que te vean arribar con gozo, alegremente,
a puertos que tú antes ignorabas.
Que puedas detenerte en los mercados de Fenicia,
y comprar unas bellas mercancías:
madreperlas, coral, ébano, y ámbar,
y perfumes placenteros de mil clases.
Acude a muchas ciudades del Egipto
para aprender, y aprender de quienes saben.
Conserva siempre en tu alma la idea de Ítaca:
llegar allí, he aquí tu destino.
Mas no hagas con prisas tu camino;
mejor será que dure muchos años,
y que llegues, ya viejo, a la pequeña isla,
rico de cuanto habrás ganado en el camino.
No has de esperar que Ítaca te enriquezca:
Ítaca te ha concedido ya un hermoso viaje.
Sin ellas, jamás habrías partido;
mas no tiene otra cosa que ofrecerte.
Y si la encuentras pobre, Ítaca no te ha engañado.
Y siendo ya tan viejo, con tanta experiencia,
sin duda sabrás ya qué significan las Ítacas.
No llores Poseidón. Angela Reyes
Han vuelto las mujeres
traficantes de barras de carmín,
con sus sombrillas quitasol,
y dicen
que en el lindero de la playa
hay un loco que corre en pos de su cometa.
Tu eres ese hombre
de pelo largo como de inagotable ola.
Se tambien que has abierto tu casa junto al mar,
por si ella viniera cualquier día,
formando parte de esa ola que se acerca a tus pies
y te entrega lo poco que le queda de sangre.
Acéptala y ponla a descansar sobre tu pecho.
No es una paloma,
es solo una mujer que ha vuelto para amarte
y vivir a lo largo de tu vida.
Vivir y deslizarse, abriendo un caz ardiente
que arrasará tu árbol de pasión.
Ella es así y tú lo sabes.
Y mientras ella llega, empujando su carga de locura,
aprende a reunirte con su voz, a tomarla del brazo
y echar a andar hacia lejanos valles.
******
Todos, en el amor, hemos perdido
gavillas de ilusiones,
y algún que otro campanil que se quedó tocando
por esa juventud que ya no es nuestra.
Pero esta campana
no puede estar tocando de por vida.
Hay que ponerse miel entre los labios
y salir a lo oscuro,
atravesar el río y su charco de sangre,
entrar en la ciudad y morir al no saber
en qué puerta tu madre está sentada,
aguardándote.
El mar, sólo la mar podrá ofrecerte
camarones violeta y pan de ola,
peces con un intenso olor a almendras.
La corriente los trae de Madeira,
después de que la noche los haya madurado
con su plata más dulce y maleable.
****
Momentos antes del ocaso,
cuando el sol se derrumba con su temblor de miel,
solloza el triste navegante.
llora sin mencionar el nombre de ella
ni describirme en qué lugar del cuerpo
la muchacha tenía su glaciar,
quiero decir,
el desamor acumulado.
Yo nunca quise así, y bien que lo lamento.
Mis ojos no embalsaron esas lágrimas
de las que no se caen ni evaporan.
lágrimas que se juntan
y forman su Pacífico salvaje tras los párpados.
Habría que buscarle un bebedizo
para limpiar su corazón de pena.
Habría que librarle de la mujer crujiente
que una mañana de alta sangre
se le pegó a la piel, echó raíz
y desde entonces
le fue empequeñeciendo,
haciéndole redondo y terminal
igual que hueso de cereza.
Necesito una yerba, tal vez la yerbaluisa,
para encalarle la memoria hasta la extremaunción.
Deshabitarla de recuerdos,
como si yo fuera niño a quien el carro de la vida
aún no le ha marcado sus rodadas.
¡Dame una canción de cuna para dormir al navegante
y que cuando despierte no sepa quién fue ella!
No sepa que su nombre
es la herida que lleva sobre el labio,
en esa llaga que no cura,
que no cierra,
por mucho palodulce que le aplique.
Las Sirenas
Maurice Greiffenhagen
Miguel Pastrana (De -Lisboa-)
ULISES
ULISES volvió a su casa.
Ni cíclopes, ni dioses, ni bellas
sirenas
pudieron nada.
Nadie volvió a su casa
Nov. 1994
Montserrat Doucet
QUE SALTE EL MAR
No sé por qué los muertos
vienen a decirme las cosas
que no puedo, no quiero
oír bajo los robles.
Las alambradas cuidan de la noche
pero la mañana desplaza muros
para que salte el mar.
Yo sigo sin saber
por qué los muertos vienen
saturados de brezos
abriendo el perfume del campo
para decirme tantas cosas
que no quiero, no puedo
oír bajo los robles.
(El invierno de la rosa)
MUERTE GEMELA
Vertical es la muerte
que viene con los pájaros.
La locura penetra los espejos
y sube el infierno hasta un cielo
de tan gemelas transparencias.
Alguien vuela cogido de las manos
a tanto azul resquebrajado
a tanta libertad ya sentenciada.
Y no hay llantos que basten,
ni voces, ni escaleras...
Porque la muerte viene por el cielo
y sus alas de plata
un dios invertido las guía.
HUMEDAD INSOMNE
Me besas desde el fondo
de cristal de la tierra.
Toda tu tierra
sedienta de raíces
sube hasta mí,
mineral de verdades
desde tus besos donde somos vuelo.
Es que quiero subir a la humedad
que nunca duerme, nunca entre tus labios.
Idea Vilariño.
Amor
desde la sombra
desde el dolor
amor
te estoy llamando
desde el pozo asfixiante del recuerdo
sin nada que me sirva ni te espere.
Te estoy llamando
amor
como al destino
como al sueño
a la paz
te estoy llamando
con la voz
con el cuerpo
con la vida
con todo lo que tengo
y que no tengo
con desesperación
con sed
con llanto
como si fueras aire
y yo me ahogara
como si fueras luz
y me muriera.
Desde una noche ciega
desde olvido
desde horas cerradas
en lo solo
sin lágrimas ni amor
te estoy llamando
como a la muerte
amor
como a la muerte.
Tan arduamente el mar...
Tan arduamente el mar,
tan arduamente,
el lento mar inmenso,
tan largamente en sí, cansadamente,
el hondo mar eterno.
Lento mar, hondo mar,
profundo mar inmenso...
Tan lenta y honda y largamente y tanto
insistente y cansado ser cayendo
como un llanto, sin fin,
pesadamente,
tenazmente muriendo...
Va creciendo sereno desde el fondo,
sabiamente creciendo,
lentamente, hondamente, largamente,
pausadamente,
mar,
arduo, cansado mar,
Padre de mi silencio.
La noche
Es un oro imposible de comprender, un acabado
silencio que renace y se incorpora.
Las manos de la noche buscan el aire, el aire
se olvida sobre el mar,
el mar cerrado,
el mar,
solo en la noche, envuelto
en su gran soledad,
el hondo mar agonizando en vano...
El mar oliendo a algas moribundas y al sol,
la arena a musgo, a cielo, el cielo
a estrellas. La alta noche sin voces
deviniendo en sí misma, inagotada y plena,
es la mujer total con los ojos serenos
y el hombre silencioso olvidado en la playa,
el alto, el poderoso, el triste,
el que contempla,
conoce su poder que crea, ordena el mundo,
se vuelve a su conciencia que da fe de las cosas,
y el haz de los sentidos le limita la noche.
Concédeme esos cielos, esos mundos dormidos,
el peso del silencio, ese arco, ese abandono,
enciéndeme las manos,
ahóndame la vida
con la dádiva dulce que te pido.
Dame la luz sombría, apasionada y firme
de esos cielos lejanos, la armonía
de esos mundos sellados,
dame el límite mudo, el detenido
contorno de esas lunas de sombra,
su contenido canto.
Tú, el negado, da todo,
tú, el poderoso, pide,
tú, el silencioso, dame la dádiva dulcísima
de esa miel inmediata y sin sentido.
Estás solo, lo mismo.
Yo no toco tu vida, tu soledad, tu frente,
yo no soy en tu noche más que un lago, una copa,
más que un profundo lago,
en que puedes beber aun cerrados los ojos,
olvidado.
soy para ti como otra oscuridad, otra noche,
anticipo de la muerte,
lo que llega en el día frío el hombre espera, aguarda,
y llega y él se entrega a la noche, a una boca,
y el olvido total lo ciega y lo anonada.
Sin límites la noche,
pura, despierta, sola,
solícita al amor, ángel de todo gesto...
Estás solo, lo mismo.
Ebrio, lúcido, azul, olvidado del alma,
concédete a la hora.
Joan Margarit. Ulises en aguas de Ítaca
Vas llegando a la isla, ahora sabes
qué es el azar. Vivir, qué significa.
Tu arco será polvo en un estante.
Polvo será el telar y la pieza que teje.
Los pretendientes, que en el patio acampan,
son sombras de los sueños de Penélope.
Vas llegando a la isla mientras bate
el mar contra las rocas de la costa,
igual que el tiempo contra la Odisea.
Nadie tejió nunca tu ausencia. Nadie
vino tampoco a destejer tu olvido.
Por más que, a veces, la razón lo ignore,
Penélope es la sombra de tu sueño.
Vas llegando a la isla: las gaviotas
cubren la playa y no se moverán
cuando al pasar no dejes huella alguna,
pues tu no existes: eres la leyenda.
Quizá un lejano Ulises murió en Troya,
y quizá lo lloró alguna mujer,
pero en el sueño de un poeta ciego
continúas salvándote:
en la frente de Homero, riguroso,
eterno, cada vez que rompe el alba
un solitario Ulises desembarca.
Ruth Piquer
Luz
Y casi me ciega el tiempo detenido,
la luz penetrando en la entraña,
removiendo,
los brazos temblorosos,
la garganta anegada.
Y casi me ciega el llanto
ante el pasado incólume
luminoso ante mí,
ante este sinsentido de sombras,
figuras proyectadas en el alma,
el tiempo y la distancia.
Casi nubla los ojos la plenitud del día
la sensación de vida
el pecho henchido de aire
contaminado y turbio.
Casi me ciega el tiempo detenido,
y con él detenido el latido en la impotencia,
sentimiento vacío, proyectado
en el tiempo y la distancia
Pura Salceda
NO TE DESPIERTES AÚN
No te despiertes aún, mi bien,
que la noche es muy corta en Ogigia.
Sueña todavía con mi nombre
con mi aroma de ninfa cautiva entre tus manos.
Recuérdame como era yo entonces,
cuando te rescaté de tus naufragios
y lamía todas tus heridas cada tarde.
Olvídate de los mares que te llaman,
no encontrarás quien mejor te adore
como yo lo he hecho,
desvía tu mirada del horizonte
y piérdete en mi sexo para retomar el camino.
Sólo tu dulce Calypso será la alfombra
por la que pasees tus pies, mi paraíso.
No mires las horas
ni los años
no te despiertes aún a la partida,
deja que me engañe de nuevo
que crea que esto nuestro va a durar
un día más
sin que te vayas.
(Versos de perra negra, Ed. Sial, Madrid 2005)
Javier Vela
( Me he permitido la licencia de cambiar el género de los pronombres personales del poema, entre guiones. Pido disculpas por ello al autor)
Huellas
Si alguna vez -la- vierais decidle que -la- busco
que he surcado desnudo lentos mares de azogue
redivivo, decidle
que regresé a los médanos
y que hallé nuestras huellas hundidas en la arena.
Me encuentro con su ausencia donde quiera que vaya.
Perviven aún el patio,
las hormigas,
la acritud de las piedras, el tacto de las algas
al roce con un cuerpo pubescente.
Son como instantes, láminas brevísimas
en las que torna el mundo a la memoria,
y al poco se deshacen dejándome en el alma
como un rumor de madres que se alejan,
un mar que me sepulta entre sus lágrimas,
anémonas que afloran de nuevo hacia la muerte.
Si alguna vez -la- vierais decidle que -la- extraño,
decidle que -la- aguardo al fondo de mis ojos,
que solo para -ella- he alzado con mis manos
un púlpito con vistas al océano,
y que -la- espero allí, asomado al olvido,
asido a mis recuerdos como un náufrago
a un trozo de madera, torpemente.
Antonio Varo Baena
Al fín, ¿Qué queda de todo,
de las miradas convulsas,
de los guijarros del tiempo,
del ahogo sobre el pecho?
Un rastro de gozo azul,
una máscara de espuma,
quizás solo una presencia
o algo más, aún más quedo,
la arruga espinada y hendida,
el rapto eterno de Helena.
*
Felipe Benitez Reyes. Los vanos mundos
Advertencia
Si alguna vez sufres —y lo harás—
por alguien que te amó y que te abandona,
no le guardes rencor ni le perdones:
deforma su memoria el rencoroso
y en amor el perdón es sólo una palabra
que no se aviene nunca a un sentimiento.
Soporta tu dolor en soledad,
porque el merecimiento aun de la adversidad mayor
está justificado si fuiste
desleal a tu conciencia, no apostando
sólo por el amor que te entregaba
su esplendor inocente, sus intocados mundos.
Así que cuando sufras —y lo harás—
por alguien que te amó, procura
acusarte a ti mismo de su olvido
porque fuiste cobarde o quizá fuiste ingrato.
Y aprende que la vida tiene un precio
que no puedes pagar continuamente.
Y aprende dignidad en tu derrota,
agradeciendo a quien te quiso
el regalo fugaz de su hermosura.